Sustituir la bañera por un plato de ducha gana espacio, facilita la entrada y suele hacer el baño más cómodo en el día a día. Es una obra relativamente acotada, pero hay detalles que conviene revisar antes.
1. El desagüe y su pendiente
El plato de ducha necesita que el agua llegue bien al desagüe. Hay que comprobar dónde está la salida actual, si se puede aprovechar y si hay pendiente suficiente hacia la bajante.
Es también lo que decide si se puede instalar un plato a ras de suelo o si tiene que quedar algo elevado.
2. La impermeabilización
La zona de ducha recibe agua de forma directa y constante. Una buena impermeabilización bajo el plato y en las paredes cercanas evita filtraciones hacia el forjado o hacia la vivienda de abajo.
3. El tipo de plato
- Medida: se elige según el hueco que deja la bañera y el espacio de paso que necesitas.
- Altura: los platos extraplanos o a ras de suelo reducen el escalón.
- Superficie: conviene que sea antideslizante.
- Material y acabado: influyen en el mantenimiento y en la estética.
4. La mampara
Una mampara evita salpicaduras y facilita la limpieza. Puede ser fija, con puertas correderas o abatibles. La elección depende del ancho de la ducha y de cómo se circula por el baño.
5. El revestimiento que queda al descubierto
Al quitar la bañera suele aparecer una franja sin azulejo o con piezas rotas. Hay tres caminos:
- Reponer piezas iguales, si aún las tienes.
- Revestir solo la zona de ducha con un material distinto, como recurso estético.
- Aprovechar para renovar el revestimiento de todo el baño.
6. La grifería y el almacenamiento
Es buen momento para cambiar a un grifo termostático o a una columna de ducha, y para añadir una hornacina o un estante donde dejar los productos.
¿Y si quieres reformar todo el baño?
Si además de la bañera hay sanitarios, tuberías o revestimientos que renovar, suele compensar plantear la reforma del baño completa en una sola obra.